Según estudios recientes, los perros (entre otras especies) son conscientes de quiénes son, de su entorno y de cómo son. Eso es autoconciencia, en términos generales.
Esto marca un cambio de paradigma, ya que hasta hace poco, se consideraba que solo la especie humana tenía consciencia propia.
Hasta ahora, los perros fallaban un test que se usa tradicionalmente en psicología para confirmar la autoconciencia. Consiste en manchar con un punto de pintura —sin que lo note— la frente de un niño y ponerle un espejo delante. Cuando el niño ve su reflejo e intenta limpiar la mancha, pasa el test.
Este mismo test lo han pasado también elefantes, aves, chimpancés y delfines. Pero no los perros.
En esta prueba, los perros olían u orinaban el espejo.
Dos equipos distintos adaptaron el test para canes, usando rastros de orina de distintos perros (incluyendo la orina del que haría el test) para poner a prueba si tienen consciencia.
Como resultado los perros olfateaban todos los rastros, pero no el propio, pues entendían que esa información era la suya, y por tanto no se detenían a explorar su rastro de olor.
La nariz de los perros les otorgó consciencia propia, su olfato les permite comprender el mundo que les rodea.
«Necesitamos un concepto más sabio y más místico de los animales. Alejada de la naturaleza y viviendo con complejos artificios, la civilización humana contempla a otras criaturas a través del cristal de su conocimiento y ve así una pluma magnificada, y toda la imagen distorsionada. Somos condescendientes con ellos porque les vemos incompletos, por el trágico destino de haber caído tan por debajo de nosotros. Y ahí es donde erramos. Porque los demás animales no deben ser medidos por la especie humana. En un mundo más antiguo y más completo que el nuestro, se mueven acabados y completos, dotados de sentidos que hemos perdido o nunca tuvimos, viviendo de las voces que nunca oiremos. No son hermanos, no son subordinados: son otras naciones, atrapadas con la nuestra en la red de la vida y el tiempo, compañeras de prisión del esplendor y los dolores de la tierra.»
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📖 Beston, H. (1928). The outermost house: A year of life on the great beach of Cape Cod. Doubleday, Doran & Company. (Cita final)
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