Mujeres y evolución canina

Las mujeres fueron las mejores amigas de los perros a lo largo de la historia, y tuvieron un rol clave en su evolución.

Un estudio antrozoológico transcultural exploró la coevolución del vínculo entre las especies canina y humana, revelando que las mujeres ejercieron una influencia significativa en esta relación, incluso mayor que la de los hombres.

Este hallazgo sugiere que la afiliación con mujeres tuvo un impacto más fuerte en la percepción de los perros como individuos similares a los humanos, porque ellas fueron quienes empezaron a darles nombres y a considerarles como miembros de la familia.

Además, el estudio identificó otros factores que podrían haber desempeñado un papel crucial en esta coevolución, como las condiciones ambientales, incluyendo la temperatura, y las prácticas de subsistencia, como la caza y la producción de alimentos.

El análisis se basó en información etnográfica de 144 sociedades tradicionales de subsistencia alrededor del mundo, lo que proporciona un contexto amplio y diverso para entender estas dinámicas.

Los resultados indican que las personas eran más propensas a considerar dar a los perros un trato similar al que daban a la especie humana cuando estos mantenían una relación cercana con una mujer. En distintas culturas, las mujeres cuidaban a los perros como si fueran sus propios hijos: amamantaban a los cachorros recién nacidos, los cobijaban en sus hamacas junto a los niños, los protegían e integraban activamente en su entorno doméstico. Además, asignarles un nombre propio (un gesto estrechamente vinculado a las mujeres) contribuía a que los perros fueran percibidos como personas, ya que nombrarlos implicaba reconocerlos como individuos. Estas relaciones cotidianas y afectivas subrayan el papel fundamental de las mujeres en la domesticación y nuestro vínculo con los perros.

Más allá del viejo refrán, la historia compartida prueba que las mujeres fueron, y son, las mejores amigas de los perros.