Las «banderas rojas» se pueden considerar como una señal de peligro.
Nuestra convivencia con un perro puede durar alrededor de 15 años, usar estímulos aversivos (estímulos desagradables) para comunicarnos pone en riesgo la relación y su bienestar.
Debería ser un privilegio para cualquiera el acercarse a nuestra familia, y debería ser considerado impensable el contratar a alguien para alterar, intimidar y/o lastimar a quienes amamos.
Lamentablemente, visitamos muchos perros que acaban mordiendo o teniendo problemas muy serios de convivencia con su familia, por culpa de métodos obsoletos que venden supuestos profesionales, cuya formación no está actualizada o es inexistente.
Cualquiera puede montar un espectáculo, es bastante fácil asustar perros e inhibirlos. No cualquiera tiene coherencia, formación actualizada y científica, y empatía por el perro.
No busques gente que prometa resultados rápidos, escoge profesionales que trabajen con respeto, lógica y en sintonía con la ciencia.
Estudios que comparan métodos educativos en perros indican que los perros de escuelas que utilizan castigos y enfoques basados en la dominancia muestran más conductas de estrés (lamerse la nariz, bostezar…), mayores niveles de cortisol y mayor pesimismo. En cambio, los perros de escuelas que emplean refuerzo positivo presentan niveles normales de cortisol y tienden a ser más resolutivos, optimistas y curiosos.
El castigo consigue inhibir y preocupar, pero no enseña gestión emocional ni a razonar.
Los perros que son tratados con respeto y empatía tienden a responder de manera más positiva y saludable a las situaciones cotidianas. El autoritarismo y la falta de comprensión llevan a los perros a perder capacidades, confianza en sí mismos y en su familia humana.
La evidencia es clara: los estímulos aversivos perjudican el bienestar del perro y su aprendizaje.
Si queremos compartir nuestra vida con perros felices, debemos comenzar por aprender a vincularnos de forma saludable.
Cuidado con el perro: tiene sentimientos y merece un trato respetuoso.
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Asesorías – Academia – Divulgación
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📖 Blackwell, E., Twells, C., Seawright, A., & Casey, R. (2008). The relationship between training methods and the occurrence of behavior problems, as reported by owners, in a population of domestic dogs. Journal of Veterinary Behavior: Clinical Applications and Research, 3, 207–217. https://doi.org/10.1016/j.jveb.2007.10.008
📖 Johnson, A., & Wynne, C. (2022). Training dogs with science or with nature? An exploration of trainers’ word use, gender, and certification across dog-training methods. Anthrozoös, 36, 1–17. https://doi.org/10.1080/08927936.2022.2062869
📖 Vieira de Castro, A. C., Fuchs, D., Morello, G. M., Pastur, S., de Sousa, L., & Olsson, I. A. S. (2020). Does training method matter? Evidence for the negative impact of aversive-based methods on companion dog welfare. PLOS ONE, 15(12), e0225023. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0225023

