El perro es fruto de una coevolución larguísima, en la que las especies humana y canina se moldearon mutuamente al compartir espacio, recursos y afectos. Al profundizar en esa historia común, emerge un dato clave: las mujeres tuvieron un papel decisivo en la evolución de los perros.
Varios registros etnográficos muestran que muchas culturas consideraban más persona al perro que mantenía un lazo estrecho con una mujer. En diversas sociedades, ellas los criaban como a hijos: amamantaban cachorros, los cobijaban junto a los niños humanos, los defendían y los integraban en el hogar. Darles nombre (un gesto muy asociado a las mujeres) fue decisivo, pues nombrar implica reconocer como individuo y otorgar personalidad. Esa mezcla de cuidados, intimidad y palabra fue esculpiendo el lugar del perro en el mundo humano.
En muchas culturas, cuando los perros se vinculaban con mujeres, la comunidad tendía a alimentarlos, protegerlos y tratarlos como miembros del grupo, no solo como herramientas. Ese cuidado probablemente tuvo un efecto evolutivo directo: los perros vivían con más bienestar y transmitían a sus crías rasgos acordes con un trato cercano, confiable y afectivo.
Hoy, esa herencia se refleja en modos de relación muy concretos. Las mujeres tienden a hablar más con los perros, a dirigirse antes a ellos y a usar un tono afectuoso, similar al empleado con bebés humanos. Su lenguaje ha funcionado históricamente como una poderosa herramienta relacional, mientras que los perros han desarrollado cerebros y capacidades cognitivas afinadas para responder a nuestras voces, miradas y gestos, percibiendo tanto el significado como la carga emocional de las palabras.
En el plano social y emocional, este vínculo también es adaptativo. Es habitual sentir a los perros como familia, especialmente entre mujeres. A su vez, los perros desarrollan un apego profundo hacia las mujeres, a quienes tienden a elegir como figuras de referencia seguras, mostrando comportamientos de menor estrés cuando están con ellas.
Los perros fueron, y son, los mejores amigos de las mujeres… y viceversa.
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