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Decir que no

El dibujo muestra a una mujer con su perro rechazando la interacción entre su perro y una persona que pide acercarse para jugar. La persona se ofende ante el "no", mientras que el perro reflexiona sobre cómo su humana prioriza su bienestar por encima de las opiniones de desconocidos.

La palabra «no» suele generar muchos conflictos, pero solo entre las personas que no quieren ni tienen la costumbre de respetar límites.

Relacionarse con nuestros compañeros perros es un privilegio que no cualquiera merece. Es importante tener esto en cuenta, porque mucha gente sigue considerando que los perros deben adaptarse a sus necesidades y deseos.

La realidad es que los perros no necesitan acercarse a saludar a todo perro con el que se cruzan, y no siempre lo desean.

Los perros son individuos con personalidad, intereses sobre su vida, emociones y conciencia propia. También tienen días mejores y peores, como todo el mundo.

Hay perros que tienen comportamientos reactivos, hay perros inseguros, hay perros que acaban de salir de una cirugía y tienen dolor, perros que comienzan a conocer el mundo que les rodea y necesitan hacerlo gradualmente, perros que simplemente son introvertidos, perros que son amigables pero selectivos, y un larguísimo etcétera.

También hay una parte humana implicada en la ecuación, y es tan diversa como los perros. Hay gente más sociable, gente más tímida, gente que necesita un rato a solas con su amigo perro para reconectar, gente que no quiere hablar con nadie porque tiene un mal día, gente que tiene un gran día y prefiere disfrutarlo a solas, y otro gran etcétera.

Por eso no podemos ir pidiendo a todo el mundo que nos deje interactuar con el perro que le acompaña. Esperar que toda persona que pasea junto a perros nos permita acercarnos es absurdo. Es como ir al parque y pensar que todos los niños del lugar deben darnos un abrazo.

Los límites pueden sonar claros, como en la viñeta, o ser más sutiles. Pero debemos respetarlos siempre.

Decir «no» es saludable, y aceptar un «no» también lo es. Los límites sirven para proteger a quienes más queremos, y para protegernos. No respetar los límites de otras personas o enfadarse por ello es inmaduro e invasivo.

No te calles nunca para no incomodar a desconocidos. Es mejor disfrutar del paseo sin que nos pongan en situaciones incómodas.

Poner límites es saludable, no te hace mala persona y no debería ofender.

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